¿Por qué Europa necesita el Euro digital?

El avance constante de la tecnología va arrinconando el dinero en metálico y surgen nuevas formas para hacer efectivos los pagos

En 2020 convergen dos factores bien diferenciados entre sí: La tecnología avanza a pasos agigantados y hay una pandemia mundial. Las consecuencias principales que atañen a ambos campos es la necesaria digitalización de todo. Las cartas de los restaurantes ahora se leen por código QR, todas las empresas sirven o venden online, la banca se gestiona por teléfono o internet… Y con el dinero llevamos camino de algo similar.

Porque con la pandemia se han visto muchos carteles en numerosos establecimiento instando a pagar con tarjeta. Las razones son obvias, evitar contagios. Pero si a esto le aunamos la tecnología el resultado son las nuevas plataformas de pago (Bizum, Apple Pay, etc) y el nacimiento de un nuevo concepto: el Euro digital.

Euro digital
¿Qué es el Euro digital?

¿Qué es el Euro Digital?

Un euro digital sería una versión electrónica de los billetes y monedas de euro, siendo de curso legal y garantizado por el Banco Central Europeo. Esta cuestión daría pie a tener depósitos directamente con el BCE. Y tal como sucede con el dinero en efectivo, existiría la posibilidad de guardar el dinero lejos de los bancos. En una especie de «cartera digital«.

Aunque es una cuestión más que interesante, todavía en 2019 en toda la zona euro, las transacciones al por menor se abonaron en efectivo en un 73 por ciento de los casos. Y según subraya el propio BCE, el Euro digital complementaría el dinero en efectivo, no lo reemplazaría.

Los principales problemas del Euro digital

Pero no todo suena tan bien como parece. El hecho de que muchos individuos comenzasen a tener más dinero digital que físico, puede llevar a estampidas enormes en los bancos. Los bancos, que hasta ahora tenían el monopolio, podrían quedarse secos. Y esta circunstancia también afecta a los menos favorecidos o a aquellos que no estén familiarizados con la tecnología.

Por eso, desde el BCE se plantean esta cuestión simplemente como un extra que pueda ayudar a modernizar el sistema financiero. En ningún caso como algo sustitutivo del dinero físico. De hecho, se habla de establecer un límite máximo de dinero digital para cada usuario.

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